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Autores: Ing. Agr.
Mario Bragachini,
Si se tiene en cuenta que los 4 principales cultivos de cosecha gruesa, soja, maíz, trigo y girasol, anualmente quedan en el rastrojo 303, 88, 102, 43 millones de dólares respectivamente, totalizando 536 millones de dólares, como se describió en el análisis específico de cada cultivo. Ahora bien realizando un cálculo estimado en los demás cultivos que se poseen datos hasta el año 95, final del Proyecto PROPECO de INTA, se puede estimar que las pérdidas durante la cosecha de sorgo granífero, arroz, poroto, maní, cebada, alfalfa, lino y colza-canola suman unos 60 millones de dólares anuales más. O sea que sumando los 12 principales cultivos extensivos a excepción del algodón las pérdidas anuales normales supera los 596 millones de dólares en Argentina y que en todos los casos con leves mejoras de equipamiento y regulación se podría reducir en forma rápida y fácil un 20 %, ello representa un ahorro de 119 millones de dólares por año, siendo una cifra muy superior a los 85,4 millones de dólares invertido en el año 2000 (72 en cosechadoras, 12 en cabezales y 1,4 millones en cabezales girasoleros). Como la cosecha en Argentina se realiza el 70 % en manos de contratistas por ser la figura que mas fácilmente puede hacer rentable y eficiente un equipo moderno de cosecha, resulta conveniente para todo el sistema recuperar rápidamente la rentabilidad de los contratistas de cosecha y posibilitar la reposición ideal del parque de cosechadoras que hoy está casi en un 55 % del valor histórico, habiendo ampliando levemente el área de siembra, y arribando a mas de 10 millones de has. de soja y habiendo superado los 10 millones de hectáreas de siembra directa entre los cultivos principales. El sistema productivo actual demanda a la cosechadora ya no solo que coseche el grano, sino que lo haga evitando compactar el suelo y dejando uniforme el rastrojo en cuanto a la paja y granza que sale por la cola de la cosechadora, que descargue el grano en cabeceras y que coseche datos a través del monitor de rendimiento. La siembra directa reduce la eficiencia de cosecha de soja en 15 % aproximadamente, en un promedio entre soja de 1° y soja de 2° sobre trigo. Esto se debe asumir como una realidad, lo que significa algo muy importante a tener en cuenta en el balance de disponibilidad de cosechadoras, y el otro factor a tener en cuenta es que las cosechadoras cosechan toneladas por hora y no hectáreas, y Argentina pasó de 35 a 65 millones de toneladas de grano en los últimos años y eso significa un incremento de la demanda de cosechadoras del orden del 70 % cuando paradójicamente las ventas de cosechadoras siguieron una evolución negativa.
Evolución de las ventas de cosechadoras en el último quinquenio
Fuente: INTA Manfredi Promedio del quinquenio: 1.221 cosechadoras/año Año 2000: 45 % menos que el quinquenio.
La ecuación de una demanda creciente de cosecha, con mayor exigencia tecnológica, frente a una fuerte caída en la inversión en reposición de cosechadoras y cabezales (45 % menos que el promedio del quinquenio) a consecuencia de la caída de la rentabilidad de los contratistas de cosecha, marcan una realidad preocupante, que define al sistema productivo argentino como muy vulnerable frente a situaciones climáticas medianamente adversas. Un ejemplo de esto es lo ocurrido en la pasada campaña (99/00) donde las inclemencias climáticas ocasionaron un retraso de cosecha de 25 días, lo que provocó un aumento considerable de las pérdidas cuantitativas de los 3 principales cultivos de cosecha gruesa, en soja, maíz y girasol, del orden de 900 millones de dólares, a ello se le debe añadir una cifra importante debido a la pérdida de calidad del grano cosechado. O sea que las pérdidas promedio de 434 millones de dólares de los 3 cultivos mencionados, en la pasada campaña se le añadieron 467 millones más debido al retraso de cosecha por problemas climáticos. La realidad Argentina indica un fuerte crecimiento tecnológico en todos los aspectos productivos, genéticos, de manejo de suelo y agua con siembra directa, fertilización, en control de malezas y enfermedades, biotecnología, doble cultivo, ampliación de la frontera agropecuaria, todo ello permitió el espectacular aumento productivo que hoy vivimos con un posible récord de producción de granos, superando los 65 millones de toneladas, y con 25 millones de toneladas de soja, para la presente campaña 2000/2001. Existen aspectos del sistema productivo que indican una baja sustentable, como la alta proporción de monocultivo de soja, la estrepitosa caída de la fertilidad química y física de los suelos, las pocas iniciativas de incorporarle valor agregado a los commodities, la falta de fomento hacia la creatividad de nuevas alternativas laborales para los pequeños empresarios rurales. Retomando el tema de la recolección de grano, es muy preocupante la mala relación entre la oferta y demanda de equipos de cosecha existente agravada cada día más, lo que impide cosechar en tiempo y forma aumentando el riesgo climático que implican altas pérdidas en cantidad y calidad de grano, sumado a los problemas de falta de infraestructura de transporte, acondicionamiento de grano, el poco esfuerzo realizado para preservar e identificar calidad de grano, provocan el surgimiento de tecnologías de transición como el almacenamiento temporario en bolsas de plásticos, que si bien representa una solución actual no deja de ser una tecnología en transición hacia el cambio definitivo y necesario que es instalar plantas de almacenaje y acondicionado con sistemas cooperativos cerrados al estilo de EE.UU., un nuevo concepto de asociativismo donde se definan proporcionalmente los beneficios y compromisos de cada productor. Argentina no está preparada con logística de cosecha y post cosecha para producir 65 millones de toneladas, por ello presenta una alta vulnerabilidad frente a cambios climáticos y de mercado, desaprovechando también las oportunidades de nichos de mercado de productos diferenciados. El estado puede apoyar y facilitar la búsqueda de la solución pero los empresarios agropecuarios deben asumir el riesgo que significa invertir en infraestructura de cosecha y post cosecha, tranqueras adentro y tranqueras afuera, con la ayuda del estado.
Evolución del Mercado Cuadro Resumen del Mercado de Cosechadoras de grano fino y grueso, algodoneras y maiceras, cabezales y específicos para girasol y maíz. Stripper. (En millones de dólares de inversión por año)
El retroceso de la inversión en equipos de cosecha del año 2000 es del 62,2 % con respecto al año 1997, en ese mismo período se aumentó la producción de grano y área de siembra de soja en forma significativa.
Perspectivas y propuestas Analizando una gran cantidad de factores presentes y futuro de la demanda de maquinaria de Argentina se puede percibir que los rubros con mayor posibilidad de éxito en los próximos 5 años son: sembradoras de directa, fertilizadoras de sólido y líquido, pulverizadoras autopropulsadas y de arrastre, equipos de movimiento, acondicionamiento y secado de grano, cosechadoras de grano y equipamiento electrónico para agricultura de precisión. Un futuro no muy promisorio le corresponde a las máquinas destinadas a producir, almacenar y distribuir forraje conservado dado el problema de los productos ganaderos para la exportación frente a la desaparición por 5 años del mercado no aftósico de la carne bobina. Sin duda que carne bobina se seguirá produciendo pero con un techo del crecimiento que es el mercado interno, lo que afectará la capacidad de compra de maquinarias, no solo de los invernadores sino también de los productores lecheros que también producen carne como negocio paralelo. Por otro lado y frente a una sumatoria de factores confluyentes ya mencionados en el trabajo, poca posibilidad de reactivación posee el mercado del tractor y de equipos de labranza primaria y secundaria. Mucho son las factores confluyentes que explican la depresión del mercado de maquinaria agrícola total de Argentina de 913, 812, 549 y 497 millones de dólares de inversión para los años 97, 98, 99 y 2000 respectivamente. Entre éstos la caída de los precios internacionales de los granos, la menor rentabilidad por hectárea, la siembra directa que reduce en un 70 % el consumo de gasoil/ha. (medida del uso de la mecanización), la biotecnología, soja RR que facilita el control químico de las malezas y reduce el control mecánico a la mínima expresión, la mayor tecnología y tamaño de la maquinaria con mayor vida útil y capacidad de trabajo, la falta total de facilidades para favorecer la inversión por parte del sector de la banca privada y estatal (pocos créditos, dificultad de acceso y tasas imposibles de amortizar). Esta situación de un sector tan importante, que representa nada menos que 22.000 puestos genuinos de trabajo en el interior del país, merece un mayor protagonismo legislativo a nivel de las decisiones macro-políticas del país. La Argentina necesita imperiosamente agregar valor a la producción de commodities. Una forma práctica, sencilla y al alcance sería la Maquinaria Agrícola Argentina (MAA), exportando una buena cantidad de horas hombre/MAA en cada tonelada de commodity o manufactura proveniente del sector agroindustrial de nuestro país, el cual representa nada menos que 60 % del total de las exportaciones argentinas. El mundo globalizado y tecnológicamente avanzado, con innovaciones en el área de informática y de comunicaciones años atrás impensadas de lograr, está sufriendo cambios estructurales que ponen en descubierto a países en vía de desarrollo como el nuestro, dejándolo al margen de un mercado hipercompetitivo y cambiante como el actual. Dentro de ese planteo el sector productivo de alimentos primarios, manufacturas y todas las industrias que aportan tecnología de producción al sector no escapan a las reglas de juego actuales. El sistema productivo de alimentos primarios argentinos resulta tecnológicamente competitivo frente al resto de los países del mundo, porque producimos commodities a menos precio ya que somos competitivos aún sin subsidios, pero somos un país con muchas materias pendientes y en otras directamente aplazados si lo analizamos tranqueras adentro, ya no alcanza en el mundo actual hiperliberal con ser eficiente en un solo eslabón de la cadena y dejar debilitado el resto con alto riesgos, como por ejemplo la aftosa frente al negocio de la carne bobina. Retomando el análisis del sector que ocupa este trabajo que es el futuro de la Maquinaria Agrícola Argentina, se puede decir que el sistema productivo del agro argentino está sufriendo profundos cambios y no son coyunturales, sino que serán más profundos y dejaran fuera del sistema a quienes no se preparen y planifiquen a futuro sobre una realidad que responde a los siguientes puntos:
En el aspecto netamente de producción el resumen de lo expuesto anteriormente indica un escenario con tendencias que los proveedores de insumos deben tener en cuenta. Habrá una demanda más exigente en cuanto a tecnología de los insumos, acompañada de un asesoramiento integral a nivel de campo, en el rubro maquinaria agrícola, al crecer las máquinas en tamaño y sofisticación. Los demandantes de mayor escala exigirán puesta a punto, servicio mecánico y repuestos, o sea ya no sólo se adquirirá una máquina, sino la máquina mas conveniente a cada sistema productivo con argumentos demostrables y con la garantía de servicio integral. Los cambios de rumbo tendrán que ser estudiados en profundidad, pero los tiempos se acortan cada día más. Por lo tanto, se aconseja comenzar por una reingeniería industrial, mayor participación política del sector agropecuario y agroindustrial, elaboración de proyectos con alta dosis de ingenio, creatividad y audacia, alianzas estratégicas en todos los órdenes, mayor inversión en capacitación, rápida solución del principal problema del sector productivo argentino (costo del dinero), reestructuración de la banca, con un giro hacia el servicio de la producción como elemento de reactivación y creación de fuentes de trabajo con alto valor tecnológico, que es en definitiva el objetivo de todo país con aspiraciones de crecimiento económico y social. En el reconocimiento del grado de desarrollo de los países en el mundo moderno ya dejo de tener importancia las riquezas naturales, sino por cuantas empresas con reconocimiento internacional posee un país. Este documento solicitado por el Consejo Federal de Inversiones C.F.I. a los técnicos de Maquinaria Agrícola y Agricultura de Precisión de INTA Manfredi, que como antecedentes muestran haber coordinado a nivel nacional proyectos exitosos como el de Eficiencia de Cosecha de Grano PROPECO 1990-1995 y Eficiencia de Cosecha, Almacenaje, Suministro y Aprovechamiento de Forraje Conservado PROPEFO 1995-1999. pretende entre otras cosas aportar ideas capaces de mejorar la competitividad de la información manejada por las empresas Pymes de Maquinaria Agrícola Argentina como herramienta útil para mejorar la sustentabilidad laboral de los hombres y mujeres que en Argentina vivimos de la producción agroindustrial de alimentos mirando hacía el futuro con optimismo y el convencimiento de que, lo que cada Argentino deja de hacer, nadie ni el mejor gobierno lo hará por él. Argentina debe abandonar la exportación de científicos, técnicos y personal capacitado y promover un cambio desde las bases a través del desarrollo de una gran cantidad de empresas Pymes capaces de generar productos competitivos en el mercado interno y de exportación con alto valor agregado. Exportar solamente productos primarios con cada día menor valor agregado como lo son el trigo, soja, maíz y girasol, no posee sostenibilidad para el mercado laboral de nuestro país, ahora bien sí a partir de la potenciación de los factores productivos que ofrecen ventajas como lo es la producción agropecuaria, generamos los recursos para el desarrollo de Pymes con alta demanda laboral con especificidad tecnológica ubicada en el interior del país entraremos a un camino con futuro para las próximas generaciones sin necesidad de emigrar para formar familias, con educación, salud y sustento económico que es la aspiración de todo ser digno que habita un país democrático. Para mayor información: Los autores esperan que las personas que lean el trabajo, puedan realizar aportes o mejorar la precisión de los datos estimados y lo hagan utilizando las alternativas indicadas. |